miércoles, 20 de agosto de 2008

Feria del Libro Zacatecas 2008
El domingo 24 de agosto de 2008 presentaremos las revistas
Arcilla Roja (a las 16:00 horas)
y Alforja (a las 18:00 horas)

Presentaremos:
José Vicente Anaya
Israel Piña
Brenda Rodríguez
Jorge Vázquez Valdez
Carlos Velázquez
María Vázquez Valdez

Aquí un video sobre Zacatecas y esta Feria:
Festival Lenguas de América
2006
Aquí un pequeño video que me acaban de compartir de este festival en el que participé traduciendo a Margaret Randall
(ya viene el de este año, por cierto: altamente recomendable).
http://www.nacionmulticultural.unam.mx/Portal/Derecho/MULTIMEDIA/poesia/poesia.html

jueves, 14 de agosto de 2008

MATACANES
O CÓMO SALTAR DOCE METROS
(CON GRACIA SINGULAR)
AL AGUA HELADA

María Vázquez Valdez

Las referencias y comentarios previos amedrentaban, que ni qué: aventarse a más de 30 saltos de agua con alturas de hasta doce metros; caer desde más de seis metros en la oscuridad a ríos subterráneos; deslizarse por toboganes naturales y cascadas de diferentes longitudes, hacer rapel de hasta 27 metros de altura.

Caminar, gatear, subir y bajar, arrastrarse, aventarse, nadar, lidiar con piedras chiquitas y grandotas, resbalosas o rugosas; disfrutar de un paisaje impresionante durante doce horas de recorrido, nadar metros y metros en la semi oscuridad de cuevas y ríos subterráneos, junto a estalagmitas y estalactitas antiguas, en paredes que se antojan ancestrales, sabias, beber el agua pura de veneros. El resultado: fascinante e inolvidable. Así podría resumir el camino que emprendimos en el Cañón de Matacanes el sábado 9 de agosto.

Para situarnos, este cañón está ubicado en Santiago Nuevo León, al norte de México y forma parte del Parque Nacional Cumbres de Monterrey. El sitio es conocido desde hace más de veinte años, y se supone (según algunas versiones) que su nombre se deriva de algunas formaciones de las cuevas que, como estalactitas, surgen de arriba de las cavidades y tienen enormes diámetros por los que caen grandes cantidades de agua. El sitio está protegido como patrimonio, y según nuestro guía Juan Carlos (padre), de Regioaventura, es uno de los más importantes en el mundo para practicar este tipo de cañonismo en particular, aparte de un cañón en Francia y otro en Costa Rica.

Pues bien, nos guiaron tres expertos: los dos Juan Carlos (padre e hijo) y Ángel, que se lucieron por su profesionalismo a la hora de llevarnos por el cañón, pues se conocen el sitio, sobre todo Juan Carlos grande, palmo a palmo (“cuidado, ahí debajo del agua hay una gran piedra”, “por allá hay un tronco hundido”, “camina por aquí”, “esquiva esa parte”). Lo más impresionante es que además de que nos guiaron e hicieron gala de clavados diestros, a Juan Carlos hijo le dio tiempo de hacernos una serie larguísima de fotos, algunas de las cuales incluyo aquí.

Entremos pues en materia de agua helada: el recorrido inició la madrugada del sábado 9, pues nos citaron a las 4.30 a.m. fuera de Monterrey. Llegamos unos minutos después de la hora, ya todos estaban listos, y emprendimos la salida, que pronto se volvió camino de terracería y trechos pedregosos que de vez en vez tundieron el chasis de la camioneta.
Casi al amanecer llegamos al sitio de partida, donde nos dieron trajes de neopreno, chalecos, arneses y cascos. También algo ligero de desayunar. Nos cambiamos y he aquí el resultado: un equipo de trece (tres mujeres y diez hombres) y tres guías (uno de los cuales tomó la foto).

Todos al salir a la aventura

(Yo soy la única sin casco)

A partir de ahí caminamos poco más de una hora entre las montañas hasta llegar a unas pozas de agua donde nos zambullimos por primera vez: helada, por cierto, de ahí en adelante.
Lo primero fue esperar a que nos tocara el turno de bajar el primer rapel de 27 metros. Había más grupos situados en otros puntos, y Juan Carlos nos instaló en uno de los extremos. Comenzó el descenso.

Aquí todos tras el segundo rapel

Al llegar casi hasta abajo vino uno de los primeros clavados, luego nadar hasta la orilla y dar los primeros saltos, hasta llegar al segundo rapel, para bajar casi en la oscuridad, y volver a saltar y nadar hasta la orilla. ¡Qué frío al salir del agua!
Al parecer era la única que tenía ese nivel de frío, sólo explicable por la poca carne de mis 46 kilos, pues veía a los demás tan rozagantes cubiertos por su grasa corporal que no podía creer tal hipotermia, que por suerte se desvaneció al seguir avanzando a lo que Juan Carlos nos había dicho que era el verdadero Matacanes.

Y de ahí, a brincar y caer se ha dicho...

Jorge cayendo
Mi resbalón extraño por una de las bajadas


Uno de mis primeros brincos
Uno de los toboganes

El salto de la amistad

El río subterráneo nos recibió con lo que llaman el Salto de la Fe: una caída en la oscuridad de varios metros. No estoy segura de cuántos, me parece que son más de seis pero no estoy segura. Lo cierto es que ahí no se ve nada, sólo el casco pequeñísimo del compañero que se lanza antes que uno, lo cual indica que el tamaño del brinco será considerable.
Saltar en la oscuridad puede parecer tan fácil como difícil. Entre mis compañeros escuché varias versiones: lo disfruté mucho, fue terrorífico, me fascinó, no sentí nada. En un principio creí que me sería difícil, pero no fue así. Por un lado el no ver me ayudó a no sentir miedo, y por otro confiaba en mi cuerpo: salté a la oscuridad y caí en blandito. Es uno de los saltos que más me gustaron, y creo que es cierto: es el salto de la fe en uno mismo.
Luego avanzamos en la oscuridad por el río subterráneo, impresionante por su majestuosidad antigua y una carga de misterio que sitúa la pequeñez humana frente a lo inefable. Algo así sentí hace un año exactamente en el Gran Cañón: una mezcla de agradecimiento y veneración –una pequeñez enaltecida.

Creo que Juan Carlos tenía razón: había empezado el verdadero Matacanes, y al llegar al final del río subterráneo, cuando salimos todos a la luz en una especie de nacimiento y en silencio, sentí que ese grupo heterogéneo que no se conocía se cohesionó de alguna manera.

Aquí todos al bajar el segundo rapel y a punto de entrar al siguiente río subterráneo


Jorge, Luis y Ángel en el río

Saliendo a la luz

Los trece

Avanzando

Luego vinieron los saltos múltiples, los toboganes, las caídas.

Uno de mis primeros saltitos

Uno de los saltos de Ángel

Yo, de bajada

Jorge en pleno salto