domingo, 7 de noviembre de 2010

INFINITO


Basta un instante,
un soplo bendecido
para llegar al fondo,
al sitio donde la materia se suspende
absorta en sí misma
para diluirse en el todo,
sin identidad ni apegos,
sin temor

Ahí nace todo fuego,
confines del tiempo,
ramillete de orígenes iluminados

Ahí nace el movimiento,
placas tectónicas
que sostienen todo núcleo,
toda periferia

Ahí nace el amor
y nacen también
el dolor y el canto

Y la voluntad del latido,
el vuelo iridiscente del aliento,
es un ave que al fin se reconoce

libre para recordar su origen

Libre para hacer a un lado
la individualidad y los espejos

Libre para recordar
la potestad del Ser
y la luminiscencia de la carne

Libre para entregarse a la caída
de lo grande en lo pequeño,
a la heredad de los milagros
de los que somos parte

Libre para aceptar
el mandato del deleite
sembrado en cada germen
que se descubre vida

Porque todo permanece ahí,
un pasito más allá
de cada cuerpo,
un granito de arena más allá
de lo evidente,
recordando la grandeza
en un himno interminable

Todo pulsa ahí,
más allá de la penumbra y la agonía
donde el dolor no es sufrimiento
y el amor no conoce el miedo

Todo pulsa ahí y es belleza,
todo pulsa ahí y es perfecto,
todo pulsa ahí
y es un mandala infinito
en cada cuerpo.

María Vázquez Valdez

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